En este blog podrás descargar cualquier libro que desees, esta hecho unicamente para disfrutar de la lectura y es sin fines de lucro, si no lo encuentras, comenta en el cuadro de Chat que está en la parte derecha y deja un comentario o, ve a la página de Pedido de Libros y lo buscaremos para ti, al igual si tienes algún problema con los links de descargas solo envíanos un correo a unaobsesioninigualable@outlook.es todos los libros del blog los tenemos almacenados en nuestro ordenador, saludos.

Lo Último

sábado, 25 de octubre de 2014

Capitulos IV y V de la Sangre del Olimpo de Rick Riordan

Capitulo Cuatro Blood of Olympus Jason

Lectura en PDF      Capitulo IV

       Jason 

La lucha estaba yendo de maravilla, hasta que fue apuñalado.

Jason ataco con su gladius girando sobre si, vaporizando a los pretendientes más cercanos, para luego impulsarse hacia la mesa y pasar sobre la cabeza de Antínoo. En el aire deseo que su espada se transformara en una jabalina – un truco que nunca había probado con esta espada –pero de alguna manera estaba seguro de que funcionaría.


Aterrizo en sus pies con un pilum de dos metros de largo. Cuando Antínoo se giro para verlo, Jason puso la punta afilada de Oro Imperial a través del torax del zombie. 

Antínoo miro hacia abajo sin poder creerlo. “Tu…”

“Disfruta de los Campos de Asfódelos.” Jason extrajo la pilum y Antínoo se redujo a polvo.  
Jason continúo luchando, atacando con su jabalina – atravesando a los fantasmas, haciendo perder el equilibrio a los zombies.

A través de la plaza, Annabeth luchaba como un demonio. Su espada de diente de Drakon acababa con los pretendientes lo suficientemente estúpidos como para enfrentarse a ella.  


Cerca de la fuente de arena, Piper había desenvainado su espada  – una hoja de bronce acerrado que le había quitado a Zethes, el hijo de Bóreas. Acuchillaba y empalaba con su mano derecha, mientras que lanzaba tomates a través de la cornucopia con su mano izquierda, mientras que le gritaba a los pretendientes: “¡Cuidado! ¡Es muy peligroso!”


Eso era lo que ellos querían oir, por lo que comenzaron a correr, para luego detenerse confundidos a medio camino y regresar a luchar de nuevo. 

El tirano Griego Hipias se lanzo hacia Piper, con su daga lista, pero Piper lo noqueo con un disparo de carne cocida directo al pecho. Se tropezó hacia la fuente y grito mientras se desintegraba.

Una flecha silbo hacia el rostro de Jason. La lanzo lejos con una corriente de viento, para luego atravesar a una docena de zombies armados con espadas y notar que los pretendientes estaban reagrupándose cerca de la fuente para atacar a Annabeth. Alzo su jabalina hacia el cielo. Una esfera de electricidad salto desde la punta y vaporizo a los fantasmas hasta los átomos, dejando un cráter humeante donde había estado la fuente.

En el transcurso de los últimos meses, Jason había luchado en tantas batallas, pero estaba olvidando lo que se sentía estar en forma para la pelea. Claro que estaba asustado, pero un gran peso se le quito de los hombros. Por primera vez desde que despertó en Arizona con sus memorias borradas, Jason se sentía completo.

Sabía quién era en realidad. Había escogido a su familia, y no tenía nada que ver con Beryl Grace o con Jupiter. Su familia eran todos los semidioses con los que había luchado a su lado, Romanos y Griegos, nuevos y viejos amigos. No iba a permitir por nada del mundo que alguien rompiera esta familia. 


Invoco a los vientos y disparo a tres zombies por el borde de la montaña como si fueran muñecas de trapo. Empalo a un cuarto, luego deseo que su jabalina regresara a su forma de espada y atravesó otro grupo de espiritus.

Pronto dejo de tener enemigos. Los fantasmas restantes estaban desapareciendo solos. Annabeth atravesó a Asdrubal el Cartaginense, y Jason cometió el error de envainar su espada. Un dolor se encendió en su espalda baja –tan filoso y helado que creyó por un momento que Khione, la diosa de las nieves, lo había tocado. (Nota del traductor: Un juego de palabras, una herida helada y un dolor que se enciende. Frio y calor)  

Cerca de su oído, Michael Varus susurro, “Nace como un romano, muere como un romano.”
La punta de una espada dorada apareció en la parte de delante de la camisa de Jason, justo debajo de su caja torácica.

Jason cayó de rodillas. Los gritos de Piper sonaban a kilómetros de distancia. Se sentía como si estuviera flotando en agua salada –su cuerpo sin peso, su cabeza meciéndose.  

Piper corrió hacia él. Miro sin sentir nada mientras ella sacaba su espada aserrada y cortaba la armadura de Michael Varus con un ka-chunk metalico.

Un soplo de frío movió el pelo de Jason. Polvo se acento alrededor de él y un casco vacío de legionario rodo por las rocas. El semidios malvado había muerto – no sin antes hacer un último acto.
“¡Jason!” Piper lo atrapo del hombro cuando comenzó a caer. Él  jadeo cuando élla saco la espada de su espalda. Luego lo puso en el suelo, acomodando su cabeza en una roca.

Annabeth corrió a su encuentro. Tenía una cortada terrible en su cuello. “Dioses.” Annabeth dijo al ver la herida en el costado de Jason. “Oh, dioses.”

“Gracias,” Jason murmuro. “Estaba preocupado de que se tratara de algo peor.”
Sus brazos y piernas comenzaron a agitarse cuando su cuerpo entro en shock, enviando toda su sangre al pecho. El dolor era embotado, lo cual lo sorprendio, pero la camisa era de un intenso rojo. La cortada estaba humeando.

Estaba bastante seguro de que las heridas de espada no humeaban.
“Estaras bien” Piper dijo las palabras como si fuera una orden. Su tono ayudo a tranquilizar su respiración.

 “¡Annabeth, la ambrosia!”

Annabeth se agito.  “Claro, claro. Ya voy” Busco entre sus viveres y desenvolvió una porción de comida de los dioses.

“Necesitamos parar el sangrado” Piper uso su daga para cortar la tela de su falda. Luego la rompió para poder fabricar vendas.

Jason se preguntó cómo es que sabía tanto sobre primero auxilios. Ella cubrió las heridas de su espalda y estomago mientras Annabeth le daba pequeños trozos de ambrosía en la boca.

Los dedos de Annabeth temblaban. Despues de todas las cosas que ella había experimentado, Jason encontraba extraño que se pusiera nerviosa cuando Piper se encontraba tan calmada. Fue entonces que lo entendio –Annabeth podía permitirse estar asustada por él, pero Piper no. Estaba completamente concentrada en salvarlo.

Annabeth le dio otro pedacito de ambrosia. “Jason, lo – lo siento. Sobre lo de tu mamá. Pero la manera en la que lo manejaste…. Eso fue muy valiente.”

Jason trato de no cerrar sus ojos. Cada vez que lo hacía, veía al espíritu de su mamá desintegrándose.
“No se trataba de ella” él dijo. “Al menos no era algo que pudiera salvar. No tenía otra opción.”

Annabeth tomo una respiración rápida. “No había una buena opción, tal vez … pero un amigo mío, Luke. Su mamá tenía un problema similar. Él no lo tomo tan bien.”

Su voz se quebró. Jason no sabía mucho sobre el pasado de Annabeth, pero Piper lo miro con preocupación.

“Te cubri las heridas tanto como pude,” ella dijo. “La sangre esta empapando todo. Y sigue saliendo humo, no tengo idea de por qué".

“Oro Imperial”, Annabeth dijo, su voz temblorosa. “Es mortal para los semidioses, es solo cuestión de tiempo para que –“

“Estara bien” Piper insistió. “Necesitamos regresarlo al barco.”

“No me siento tan mal,” Jason dijo. Y era verdad. La ambrosia había aclarado su cabeza. El calor estaba colándose a través de sus piernas y brazos. “Tal vez podría volar…” Jason se sentó. Su visión adquirio un tono verdoso. “O tal vez no…”

Piper volvió a tomarlo del hombro cuando se inclino hacia un lado. “Tranquilo, Chispas. Necesitamos contactarnos con el Argo II para que nos ayuden.”

“No me habías llamado Chispas desde hace mucho tiempo.”

Piper beso su frente. “Quedate conmigo y te insultare todo lo que quieras.”

Annabeth escaneo las ruinas. La fachada mágica se había desvanecido, dejando solo los muros derruidos y los sitios de excavación.  “Podríamos usar las bengalas de emergencia, pero –“

“No,” Jason dijo. “Leo llenaría la cima de la montaña con fuego griego. Tal vez si me apoyara en ustedes, podría caminar.”


“Absolutamente no,” Piper lo regaño. “Eso tomaría mucho tiempo.” Ella metio la mano en su bolsa y saco un espejo compacto. “Annabeth, ¿sabes código Morse?” 

“Claro que si”
“Y Leo también” Piper le entrego el espejo. “Él está vigilando desde el barco. Ve al borde y – ”

“¡Lo sorprendo!” La cara de Annabeth se puso roja.  “Eso se escucho mal. Pero si buena idea.”
Corrio hacia las ruinas. (Nota del traductor: en ingles Annabeth dice “flash him” usando el doble sentido de flash; como destello de luz y como el argot en EUA para salir desnudo a la calle con el propósito de sorprender a la gente. Es por eso que Annabeth se ruboriza.)

Piper extrajo una botella de néctar y le dio a Jason un sorbo. “Aguanta un poco. No moriras por un estúpido piercing.”

Jason se las arreglo para sonreir. “Al menos no fue un golpe en la cabeza. No me desmaye en toda la pelea.”

“Acabaste con, por lo menos, doscientos enemigos,” Piper le dijo. “Eres escalofriantemente bueno.”
“Ustedes me ayudaron”
“Tal vez, pero … oye quédate con nosotros.”

La cabeza de Jason comenzó a marearse. Las fracturas en las rocas se vieron borrosas.
“Un poco mareado” murmuro.

“Más néctar,” Piper ordeno. “Listo. ¿Sabe bien?”
“Si. Si, gracias.”

De hecho el néctar sabía cómo a aserrín líquido, pero Jason prefirió no decirlo. Desde la Casa de Hades cuando renunció al puesto de praetor, la ambrosía y el néctar dejaron de tener el sabor de su comida favorita del Campamento Jupiter. Era como si la memoria de su viejo hogar ya no tuviera el poder de curarlo.


Nace como un romano, muere como un romano, Michael Varus había dicho.


Miro el humo que reptaba desde sus heridas. Tenía cosas peores de que preocuparse además de la perdida de sangre. Annabeth tenía razón sobre el Oro Imperial. La sustancia era mortal para los semidioses y para los monstruos por igual.

La herida hecha por Varus hacia todo lo posible para alimentarse de la fuerza vital de Jason.

Habia visto a un semidios morir de esta manera. No era una manera rápida o bonita de irse.
No puedo morir, se dijo a si mismo. Mis amigos dependen de mi.

Las palabras de Antínoo vibraban en sus oídos – sobre los gigantes en Atenas, el viaje imposible que tenía por delante el Argo II, el misterioso cazador que Gea había enviado a interceptar a la Atenea Parthenos.

“Reyna, Nico y el entrenador Hedge,” dijo. “Estan en peligro. Necesitamos avisarles.”

“Nos encargaremos de eso cuando lleguemos al barco,” Piper prometío. “Tu trabajo ahora es relajarte.” El tono que uso era dulce y confiado, pero sus ojos estaban llenos de lágrimas. “Además, ellos tres son un equipo rudo. Estaran bien.”

Jason tenía la esperanza de que fuera así. Reyna había arriesgado tanto para ayudarlos. El entrenador Hedge era un poco hartante a veces, pero era un protector leal para toda la tripulación. Y Nico… Jason estaba especialmente preocupado por él.

Piper acaricio con su pulgar la cicatriz en el labio de Jason . “Una vez que la guerra termine… todo se resolverá para Nico. Hiciste lo que pudiste, siendo un amigo para él.”

Jason no estaba seguro de que decir. No le había contado a Piper nada sobre sus conversaciones con Nico. Habia mantenido el secreto de di Angelo.

Aún así … Piper parecía notar que algo estaba mal. Al ser una hija de Afrodita, tal vez podía sentir cuando alguien tenía un problema de corazón roto. No había presionado a Jason para que hablara sobre eso. Era algo que apreciaba.

Otra oleada de dolor lo torturo.

“Concéntrate en mi voz” Piper beso su frente. “Piensa en algo bueno. Pastel de cumpleaños en el parque de Roma –“

“Eso fue lindo”

“El ultimo invierno,” ella sugirió. “La guerra de malvaviscos en la fogata.”

“Te vencí completamente”

“¡Tuviste bombones en el pelo por días!”

“Claro que no”

La mente de Jason viajo a mejores tiempos.

Quería quedarse para siempre en este momento – hablando con Piper, tomando su mano, sin preocuparse por los gigantes o Gea o la locura de su madre.

Sabía que necesitaban regresar al barco. Estaba en mal estado. Tenían la información por la que habían venido. Pero ahora que estaba recostado sobre las frías rocas, Jason tuvo una sensación de estar incompleto. La historia de los pretendientes y la reina Penelope… sus pensamientos sobre la familia… sus sueños más recientes. Todas esas cosas daban vueltas sobre su cabeza. Había algo más en este lugar – algo que faltaba.

Annabeth vino cojeando desde el borde de la montaña.
“¿Estas herida? Jason le pregunto.

Annabeth miro hacia su tobillo. “Esta bien. Es solo mi vieja herida de las cavernas de Roma. A veces cuando me estreso … No es importante. Ya le envie la señal a Leo. Frank cambiara de forma, volara hacia aquí y nos llevara al barco. Necesito hacerte una camilla para mantenerte estable.”

Jason se imaginó colgando de una hamaca, balanceándose en las garras de Frank el águila gigante, pero decidio que eso era mejor que morir.

Annabeth se puso a trabajar. Tomo los harapos que habían dejado atrás los pretendientes –un cinturón de cuero, una túnica rota, cordones de las sandalias, un manto rojo y un par de puntas de lanza rotas. Sus manos se movían con rapidez alrededor de los materiales –rasgando, tejiendo, amarrando, trenzando.

“¿Cómo haces todo eso?” Jason pregunto con sorpresa.

“Practique durante mi aventura bajo Roma” Annabeth continuo trabajando. “No había tenido una razón para tejer, pero en ocasiones es útil, como cuando quieres mantener lejos a las arañas…”

Amarro el ultimo trozo de cuero y voilà – una camilla lo suficientemente larga para soportar a Jason, con lanzas como barras de agarre y cinturones para inmovilizar en el medio.

Piper silbo en forma de apoyo. “La siguiente vez que necesite modificar un vestido, hablare contigo.”

 “Callate, McLean,” Annabeth dijo, pero sus ojos brillaban con satisfacción. “Ahora, vamos a inmovilizarlo”

“Esperen” Jason dijo.

Su corazón martilleaba. Ver a Annabeth tejer la cama, Jason recordó la historia de Penelope – de como soporto veinte años, esperando a que su esposo Odiseo regresara.

“Una cama,” Jason dijo. “Existia una cama especial en este palacio.”
Piper lo miro preocupada. “Jason, haz perdido un monton de sangre.”

“No estoy alucinando” él insistio. “La cama matrimonial era sagrada. Si había un lugar donde pudieras hablar con Juno…” Tomo una bocanada de aire y grito. “¡Juno!” 

Silencio.

Tal vez Piper tenía razón. No estaba pensando claro.

Pero, a unos vente metros de distancia, el suelo de roca se resquebrajo. Ramas crecieron desde el suelo, cambiando de forma y tamaño hasta que un olivo adulto cubrió con su sombra el patio. (Nota del traductor: en ingles dice courtyard, lo que se podría traducir como patio del rey. Asi que es perfecto que la reina de los dioses se aparezca allí mismo)  

Debajo de un dosel de hojas verde oscuro estaba de pie una mujer de cabello oscuro con un vestido blanco, una piel de leopardo sobre sus hombros. Su baculo estaba coronado por una flor de loto blanca. Tenía una expresión de tranquildad y de realeza.

“Mis héroes,” la diosa dijo.

“Hera,” Piper dijo.

“Juno,” Jason la corrigio

“Lo que sea”, Annabeth gruño. “¿Qué asuntos la traen por aquí, su Bovina Majestad?”

Los oscuros ojos de Juno centellaron peligrosamente. “Annabeth Chase. Tan dulce como siempre.”

“Bueno, si,” Annabeth le respondio, “Acabo de regresar del Tartaro, por lo que mis modales están un poco oxidados, especialmente hacia la diosa que borro las memorias de mi novio, lo desapareció por meses y luego – “

“Honestamente, niña. ¿Vamos a pelear de nuevo por eso?”

“¿No se supone que deberías de sufrir por la doble personalidad?” Annabeth pregunto. “Me refiero –más de lo usual”

“Momento,” Jason intercedio. También tenía muchas razones para odiar a Juno, pero por el momento había otros temas que tratar. “Juno, necesitamos tu ayuda. Nosotros – “ Jason trato de sentarse e inmediatamente se arrepintió de hacerlo. Sus intestinos parecían estar siendo torcidos por un tenedor gigante para spaghetti.

Piper evito que volviera a caer. “Primero lo primero,” ella dijo. “Jason esta herido. ¡Sanalo!”
La diosa fruncio el ceño. Su silueta vibro desequilibrada.

“Hay cosas que los no podemos curar,” ella dijo. “Su herida alcanza su alma y su cuerpo. Tendras que luchar contra ella, Jason Grace… tienes que sobrevivir.”

“Oh si, gracias,” él dijo, con la boca seca. “Eso intento.”

¿A que te refieres con que la herida esta tocando su alma?” Piper demando. “¿Por qué no puedes –“

“Mis héroes, el tiempo juntos es corto,” Juno dijo. “Estoy agradecida que me hayan invocado. He pasado semanas en un estado de dolor y confusión.. mis naturalezas griega y romana luchando entre ellas. Peor, me he visto forzada a esconderme de Jupiter, que me busca debido a su ira ciega, creyendo que yo cause esta guerra con Gea.”

 “Que terrible,” Annabeth dijo “¿Quién pensaría una cosa asi?”

Juno la miro irritada. “Afortunadamente, este lugar es sagrado para mi. Al haber eliminado a esos fantasmas, lo han purificado y me dieron un momento de claridad. Me será posible hablar con ustedes –aunque sea un momento.”

“¿Por qué es sagrado … ?” Los ojos de Piper se abrieron. “Oh. ¡La cama matrimonial!”

“¿Cama matrimonial?” Annabeth pregunto. “No veo ninguna –“

“La cama de Penelope y Odiseo,” Piper le explico. “Uno de los postes de la cama era un árbol de olivo vivo, por lo que era imposible moverla.”

“Asi es.” Juno paso su mano por la corteza del olivo. “Una cama matrimonial inamovible. ¡Que bello símbolo!  Como Penelope, la esposa más fiel, manteniéndose firme, alejando a cientos de pretendientes todos los años porque estaba segura de que su esposo regresaría. Odiseo y Penelope –la epitome del matrimonio perfecto.” ’

Incluso en su pobre condición, Jason estaba bastante seguro de que Odiseo estuvo con otras mujeres durante sus viajes, pero decidio que no era buena idea traerlo a la conversación.

“¿Podrías darnos un consejo, al menos?” pidió. “¿Qué es lo que debemos hacer?”

“Naveguen a través del Peloponeso,” dijo la diosa. “Como sospechan, esa es la única ruta posible.  En su camino, busquen a la diosa de la victoria en Olimpia. Esta fuera de control. Al menos que la puedan atrapar, la brecha entre los romanos y los griegos nunca podrá ser curada.” 

“¿Te refieres a Nike?” Annabeth pregunto. “¿Cómo es que perdió el control?”

Truenos sonaron en el cielo, haciendo temblar la montaña.
“Explicarlo tomaría mucho tiempo,” Juno dijo.  “Debo de irme antes de que Jupiter me encuentre. Una vez que me vaya no podre ayudarles de nuevo.”

Jason evito contestarle con: ¿Cuándo fue la primera vez que nos ayudaste?
“¿Qué más debemos de saber?” pregunto.

“Como lo oyeron, los gigantes están reuniéndose en Grecia. Unos cuantos dioses podrán ayudarles en su aventura, pero no soy el único Olimpico que tiene problemas con Jupiter. Los gemelos también sufren por su ira.”

 “¿Artemisa y Apolo?’ Piper pregunto. “¿Por qué?’

La imagen de Juno comenzó a desvanecerse. “Si llegan a la isla de Delos, ellos estarán listos para ayudarles. Están desesperados por hacer algo que les ayude a estar en paz con Jupiter.  Vayanse. Tal vez nos veremos de nuevo en Atenas, si es que triunfan. Si no lo hacen…”


La diosa desapareció, o tal vez la vista le estaba fallando a Jason. El dolor lo arrollo. Su cabeza se inclinó hacia atrás. Vio que un águila gigante planeaba en círculos sobre ellos. Luego el cielo azul se volvió negro y Jason dejo de ver.


Capitulo Cinco Blood Of Olympus Reyna


         Capitulo V

          Reyna 


Tirarse de bomba en un volcan no estaba en la lista de Reyna.


Su primera vista del sur de Italia fue de mil quinientos metros en el aire. Al oeste, a lo largo de la bahía del Golfo de Nápoles, las luces de la ciudad durmiente brillaban poco antes del amanecer. Un millar de metros por debajo de ella, una caldera de ochocientos metros estaba en la cima de la montaña, con vapor blanco saliendo del centro.

La desorientación de Reyna tomó un momento para desaparecer. Viajar en las sombras la dejaba nauseabunda y atontada, como si ella hubiese sido sacada de las aguas del Frigidarium al sauna en la casa de baño de Roma. (Nota del traductor: el Frigidarium era un baño de agua helada)
Entonces se dio cuenta que estaba suspendida en el aire. La gravedad tomo el control y comenzó a caer.


“¡Nico!” ella gritó.

“¡Por las pipas de Pan!” maldijo Gleeson Hedge.

“¡Whaaaa!” Nico se sacudió, casi se salió del agarre de Reyna. Ella lo sostuvo con fuerza y agarró al entrenador Hedge por el cuello de la camisa mientras empezaban a caer. Si se separaban ahora, estarían muertos.

Ellos caían al volcan con su equipaje más grande – la Atenea Partenos de doce metros de alto – cayendo detrás de ellos, agarrada por medio de una correa a la espalda de Nico como un paracaídas muy poco eficiente.

“¡Eso es el Vesubio debajo nuestro!” Reyna gritó sobre el viento. “¡Nico, sácanos de aquí!

Su mirada estaba perdida y fuera de foco. Su pelo despeinado se batía en su rostro como un cuervo que salia disparado hacia el cielo. “¡N-no puedo! ¡No tengo fuerza!”

El entrenador Hedge baló. “¡Noticia de último momento, niño! ¡Las cabras no volamos! ¡Sácanos de aquí o vamos a convertirnos en una tortilla Atenea Partenos!
Reyna trató de pensar. Ella podía aceptar la muerte si tenía que, pero si la Atenea Parthenos era destruida su misión fallaría. Reyna no podía aceptar eso.

“Nico, has un viaje-sombra” le ordenó. ”Te prestaré mi fuerza.”
Él la miró sin entender. “¿Cómo…?”

“¡Solo hazlo!”

Ella apretó el agarre de su mano. El símbolo de la antorcha y espada de Bellona en su antebrazo se puso dolorosamente caliente, como si estuviera siendo marcada en su piel por primera vez.

Nico jadeó. El color retornó a su rostro. Justo antes de golpear el vapor del volcán, se deslizaron en las sombras.

El aire se tornó frío. El sonido del viento fue remplazado por una cacofonía de voces susurrando en mil idiomas. Las entrañas de Reyna se sentían como una piragua  gigante -jugo frio sobre hielo raspado, su bebida favorita de la infancia en Viejo San Juan.

Ella se preguntó por qué esa memoria surgiría ahora, cuando estaba al borde de la muerte. Entonces su visión se aclaró. Sus pies tocaron suelo sólido.

El cielo del este comenzaba a aclarar. Por un momento Reyna creyó que estaba de vuelta en Nueva Roma.

Columnas dóricas se alineaban en un atrio del tamaño de un campo de béisbol. En frente de ella, un fauno de bronce estaba de pie en medio de una fuente hundida decorada con baldosas de mosaico.

Mirtos y rosas florecían en un jardín cercano. Las palmeras y los pinos se extendían hacia el cielo. Caminos de adoquines llevaban desde el patio a varias direcciones, carreteras rectas de buena construcción romana, bordeando casas bajas de piedra con porches con columnas.

Reyna volteó. Detrás de ella, la Atenea Parthenos permanecía intacta, dominando la pradera como un adorno de jardín ridículamente grande.

El pequeño fauno de bronce de la fuente tenía ambos brazos levan­tados, de cara a Atenea, por lo que parecía que estaba acobardado por la nueva llegada.

En el horizonte, el Monte Vesubio se asomaba –una oscura joroba ahora a varios kilómetros de distancia.

“Estamos en Pompeya” Se dio cuenta Reyna.

“Oh, eso no es bueno” Nico dijo, e inmediatamente colapsó.

“Wow” El entrenador Hedge lo atrapó antes de que golpease el suelo.  El sátiro lo apoyó al pie de Atenea y desató el arnés que aferraba a Nico a la estatua. 

Las rodillas de Reyna se doblaron. Ella esperaba alguna reacción, siempre pasaba cuando ella compartía su fuerza, pero ella no anticipó tanta angustia de Nico di Angelo. Ella se sentó pesadamente, tratando de mantenerse consciente.

Dioses de Roma. Si eso era solo una parte del sufrimiento de Nico… ¿cómo podía soportarlo?

Ella trató de estabilizar su respiración mientras el entrenador Hedge buscaba en sus suministros para acampar. Alrededor de las botas de Nico, las piedras se partieron. Nubes oscuras irradiaban de él como un disparo de tinta, como si su cuerpo estuviese tratando de expulsar todas las sombras por las que había viajado.

Ayer había sido peor: un prado completamente marchito, esqueletos levantándose de la tierra. Reyna no estaba ansiosa porque eso volviese a pasar.

“Bebe algo” Ella le ofreció una cantimplora  de poción de unicornio- polvo de cuerno mezclado con agua santificada del Pequeño Tiber. Ellos habían descubierto que funcionaba mejor para Nico que néctar, ayudándolo a aliviar el cansancio y la oscuridad de su sistema con menos peligro de prenderse fuego.

Nico tomó un trago. Aún se veía terrible. Su piel tenía un tono azulado. Sus mejillas estaban hundidas. A su lado, el cetro de Diocleciano brillaba con un tono púrpura furioso, como un hematoma radioactivo.

Él estudió a Reyna. “¿Cómo hiciste eso… crear ese pulso de energía?
Reyna volteó su antebrazo. El tatuaje seguía quemando como cera caliente: el símbolo de Bellona, SPQR, con cuatros años de servicio. “No me gusta hablar de eso,” ella dijo “pero es un poder de mi madre. Puedo darle energía a otros”

El entrenador Hedge levantó su vista de su bolsa. “¿Enserio?  ¿Por qué no me lo has dicho, Romana? ¡Quiero súper músculos!”

Reyna frunció el ceño. “No funciona así, entrenador. Sólo puedo hacerlo en situaciones de vida a o muerte, y funciona mejor en grupos grandes. Cuando dirigo a las tropas, puedo darles cualquier atributo que tenga –fuerza, coraje, resistencia- y multiplicarlo por la cantidad de mis fuerzas.”

Nico arqueó una ceja. “Útil para una pretora romana”.

Reyna no respondió. Ella prefería no hablar de su poder por esa razón exactamente. Ella no quería que los semidioses creyeran que ella los controlaba, o que se había vuelto una líder por una magia especial. Ella sólo podía compartir sus fuerzas que ella ya tenía, y no podía ayudar a alguien que no estuviese hecho para ser un héroe.

El entrenador Hedge bufó. “Qué lástima. Súper músculos hubiesen sido geniales.” El volvió  a buscar en su bolsa, que parecía no tener fin de utensilios de cocina, equipo de supervivencia y distintos tipos de equipamiento deportivo.

Nico tomó otro poco de cuerno de unicornio. Sus ojos pesaban de cansancio, pero Reyna podía decir que él estaba peleando por quedarse despierto.

“Recién te tambaleaste” el notó. “Cuando usaste tu poder… ¿tuviste algún tipo de, em, retroalimentación de mí?” 

“No es que te haya leído la mente” ella dijo. “Ni siquiera una conexión empática. Sólo… una sensación de exhausto temporario. Emociones primarias. Tu dolor pasó por mi. Yo tomé un poco de tu carga.”

La expresión de Nico se volvió precavida. El toqueteó su anillo de plata en su dedo, igual que Reyna hacía con su anillo cuando ella pensaba. Compartir un hábito con el hijo de Hades la hacía sentir incómoda.

Ella había sentido más dolor de Nico con su conexión que con toda la legión durante su batalla con Polibotes.  Se había cansado más que desde la última vez que ella había usado su poder, para ayudar a su pegaso Scipio durante su viaje a través del Atlántico.

Ella trató de dejar esa memoria. Su valiente amigo alado muriendo por el veneno, con el hocico en su regazo, mirándola con confianza mientras levantaba su daga para poner fin a su miseria… dioses, no. No podía pensar en eso o se vendría abajo.


Pero el dolor que ella había sentido de Nico era más agudo.


“Deberías descansar” ella le dijo. “Después de dos saltos, incluso con un poco de ayuda… tienes suerte de estar vivo. Te vamos a necesitar para cuando la noche llegue.” Ella se sintió mal por pedirle que hiciera  algo imposible. Desgraciadamente,  tenía práctica empujando a los semidioses por encima de sus límites.

Nico apretó su mandíbula y murmuró. “Estamos atascados aquí ahora.” El escaneó las ruinas. “Pero Pompeya es el último lugar que yo hubiese escogido. Este lugar está lleno de lémures”

“¿Lémures?” El entrenador Hedge parecía estar haciendo algún tipo de trampa con una cuerda de com­eta, una raqueta de tenis y un cuchillo de caza. “Te refieres a esos lindos bichitos-“

No.” Nico sonaba molesto, como si se lo preguntasen mucho. “Lémures. Fantasmas no amigables. Todas las ciudades romanas los tienen, pero Pompeya-“

“Toda la ciudad fue arrasada.” Recordó Reyna. “En el año 79 d.C. el Vesubio hizo erupción y cubrió la ciudad entera de cenizas”

Nico asintió. “Una tragedia como esa crea montones de espíritus molestos.”
El entrenador Hedge miró al volcán distante. “Está humeando. ¿Eso es malo?”

“N-no estoy seguro.”  Nico jugo con un agujero de sus pantalones negros. “Los dioses de las montañas, los Ourae, pueden sentir a los hijos de Hades. Es posible que es por eso nos salimos de curso. El espíritu de Vesubio pudo haber estado tratando de matarnos. Pero dudo que la montaña pueda herirnos desde esta distancia.  Hacer erupción podría tomar mucho. La amenaza inmediata es lo que nos rodea.”

La  nuca de Reyna hormigueó.

Ella estaba acostumbrada a los Lares, amigables espíritus del Campamento Júpiter, pero incluso ellos la ponían incómoda. Ellos no tenían un buen entendimiento del espacio personal. A veces ellos la atravesaban, dejándole una sensación de vértigo. Estar en Pompeya le daba a Reyna la misma sensación, como si toda la ciudad fuese un gran fantasma que caminase a través de ella.

Ella no podía decirles a sus amigos lo mucho que le temía a los fantasmas, o por qué. La razón por la que ella y su hermana habían huido de San Juan años atrás… ese secreto debía quedar enterrado.

“¿No puedes mantenerlos a raya? Preguntó.

Nico volteó sus palmas. “He enviado un mensaje: manténgase alejados. Pero una vez que me duerma no servirá de mucho.”

El entrenador Hedge sacudió su raqueta de tennis-cuchillo. “No te preocupes, niño. Voy a bordear el perímetro con alarmas y trampas. Además, estaré vigilándolos todo el tiempo con mi bate de baseball.”

Eso no pareció convencer a Nico, pero sus ojos estaban casi cerrados. “Okay. Pero con cuidado.
No queremos otra Albania.”

“No.” Coincidió Reyna. Su primer viaje por las sombras juntos dos días antes había sido un fiasco total, posiblemente el episodio más humillante en la carrera de Reyna. Quizás algún día, ellos mirarían atrás y reirían, pero no ahora. Los tres habían accedido a no hablar de ello. Lo que pasó en Albania se quedaría en Albania.

El entrenador Hedge pareció herido. “Bien, como sea. Solo descansa, niño. Te tenemos cubierto”
“Está bien,” Nico cedió. “Quizás una pequeña…” Él se las arregló para quitarse su chaqueta de aviador y usarla de almohada antes encima y empezar a roncar.

Reyna se maravilló por cuan pacífico se veía. Las líneas de preocupación se habían desvanecido. Su cara se veía angelical, como su apellido, di Angelo. Ella casi podía creer que él era un niño normal de catorce años, no un hijo de Hades que había sido sacado de 1940 y forzado a soportar más peligro y tragedia que muchos semidioses en toda su vida.

Cuando Nico había llegado al Campamento Júpiter, Reyna no confió en él. Ella podía sentir que había más en su historia que ser un embajador de su padre Pluto. Ahora, por supuesto, ella sabía la verdad.
Él era un semidiós griego- la primera persona viva, quizás la unica en toda la historia, que tuvo que  lidiar entre los dos campamentos, Romano y Griego sin poder decir a un grupo que el otro existía.

Raramente, eso confiar a Reyna aún más en Nico.

Claro, él no era romano. Él nunca había cazado con Lupa o pasado por el entrenamiento brutal de la legión. Pero Nico se había probado a si mismo de otras formas. Él había viajado por el Tártaro solo, voluntariamente, para encontrar las Puertas de la Muerte. Él había sido capturado por los gigantes. Él había liderado a la tripulación del Argo II a la casa de Hades… y ahora había aceptado otra misión terrible: arriesgarse a sí mismo para llevar la Atenea Partenos al Campamento Mestizo.

El ritmo del viaje era exasperadamente lento. Solo podían viajar por sombra unos pocos cientos de kilómet­ros cada noche, descansando durante el día para dejar a Nico recuperarse, pero incluso eso requería más resis­tencia de Nico de que la Reyna había pensado posible.

El tenía tanta tristeza y soledad, tanto dolor en el corazón. Pero aún asi puso la mision por delante de si mismo. Él perseveraba. Reyna respetaba una cosa. Lo entendía a la perfección.

Ella nunca había sido una persona sentimental, pero tenía un extraño deseo de poner su capa sobre los hombros de Nico y arroparlo. Se reprendió mentalmente. Era su compañero, no su hermano menor. Él no apreciaría eso.

“Oye.” El entrenador interrumpió sus pensamientos. “Necesitas descansar también. Yo haré la primera guardia y cocinaré algo. Esos fantasmas no deberían ser tan peligrosos ahora que el sol está saliendo.”

Reyna no había notado como el sol estaba amaneciendo. Nubes rosas y turquesas adornaban el horizonte en el este. “He leído sobre este lugar” Reyna notó. “Es uno de los pueblos de Pompeya mejor conservado. Ellos lo llamaron la Casa del Fauno”

Gleeson miró a la estatua con disgusto. “Bueno, hoy es la Casa del Sátiro” Reyna sonrió. Ella comenzaba a notar las diferencias entre fauno y sátiro. Si ella se dormía con un fauno a cargo, ella despertaría con sus pertenencias robadas, un mostacho dibujado en su cara y el fauno no estaría.

El entrenador Hedge era distinto –Distinto en un buen sentido, aunque él tenía algún tipo de obsesión con las artes marciales y bates de baseball.

“Está bien” Coincidió. “Has la primera guardia. Pondré a Aurum y Argentum a la guardia contigo.” Hedge pareció querer protestar, pero Reyna lo disuadió. Los autómatas metálicos se materializaron desde las ruinas, corriendo asía ella desde distintas direcciones. Incluso después de tantos años, Reyna no tenía idea de donde habían salido o a donde iban cuando Reyna no estaba, pero le ayudaban a mantener las esperanzas..

Hedge se aclaró la garganta. “¿Estas segura que no son dálmatas? Parecen dálmatas”
“Ellos son galgos, entrenador.” Reyna no tenía idea por qué Hedge le temía a los dálmatas, pero ella estaba muy cansada para preguntar. “Aurum y Argentum, vigílenos mientras duermo. Obedezcan a Gleeson Hedge”

Los perros cercaron el patio, guardando su distancia de la Atenea Partenos, la cual irradiaba hostilidad hacia todo lo romano.

La misma Reyna solo ahora estaba acostumbrándose a ella, y estaba bastante segura que la estatua no apre­ciaba ser recolocada en el centro de una antigua ciudad romana.

Ella se recostó y se cubrió con su capa. Sus dedos se cerraron sobre su bolsa en su cinturón, donde ella contenía la moneda de plata que Annabeth le había dado antes de partir de Epiro.

Es una seña de que las cosas pueden cambiar, Annabeth le había dicho. La marca de Atenea es tuya ahora. Quizás la moneda les dé suerte. Si la suerte era buena o mala, Reyan no estaba segura.


Ella miró una última vez al fauno de bronce cubierto por el amanecer y la Atenea Partenos. Entonces ella cerró sus ojos y se deslizó en los sueños.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

¿Tienes un comentario o alguna duda? Pues que esperas? Comenta tu opinión o solicitud.

Anuncio!
Si ere AUTOR o REPRESENTANTE de alguna editorial,
se les recuerda que en este blog NO HAY ARCHIVO ALMACENADOS, las administradoras SOLO recopilan los enlaces que circulan en Internet.
Si se siente afectado con las menciones de sus obras, dejen o envíen un mensaje en el blog o al e-mail unaobsesioninigualable@outlook.es
NO HAY NECESIDAD DE AMENAZAS u otro tipo de intimidación, este es un blog SIN FIN DE LUCRO y apoya a los NUEVOS TALENTOS que
se quieran dar a conocer, así como a la fomentación de la lectura,
Gracias.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...